11/3/12

Soberanía sobre las Islas Malvinas

Material para debatir en clase: Tener en cuenta que estos textos y opiniones pueden ser consultados pero no son suficientes ni abarcativos de todo el temario para el debate que se realizará en clase


Una postura sobre la soberanía en las Islas

Carlos Pérez Llana, ex embajador argentino en Francia y docente de la Universidad Siglo 21, en la ciudad de Córdoba, considera que la Argentina ha quedado prisionera de dos posturas opuestas sobre Malvinas que no la conducirán a ningún lado en los reclamos sobre la soberanía de la islas.

–¿Cuáles son esas posiciones?

–Por un lado, están los que dicen que las Malvinas son argentinas y que, en consecuencia, hay que obviar a los isleños, que son británicos. Además, sostienen que la única manera de que las islas pasen a la soberanía de la Argentina es intensificar las presiones diplomáticas y, eventualmente, económicas. Es una estrategia nacionalista y sus defensores consideran que en dos o tres años conseguirán resultados positivos, pero esto no es así de fácil. Y por otro lado, están los que dicen que hay que olvidarse de las islas, que la guerra se perdió y que si no hay voluntad de los isleños va a ser imposible recuperarlas.

–¿Por qué cuestiona esas posturas?

–Porque los primeros dicen que hay que recuperar la soberanía, pero se equivocan en el cómo. Y los segundos no explican por qué hay que olvidar las islas, qué se gana y qué se pierde con eso. Yo creo que no tiene sentido regalar negociaciones sobre la pesca, el petróleo y la proyección en la Antártida.

–¿Cuál es su postura?

–Sostengo una tercera posición que implica aceptar que las Malvinas son argentinas, que tiene que haber negociaciones pero que no necesariamente suponen tratar con Londres y olvidarse de los isleños; tampoco estoy de acuerdo con presionar y presionar sin resultados.

–¿Qué debería hacerse en ese sentido?

–Después de haber perdido una guerra, el país está en condiciones muy limitadas. Se debería partir de la base de que es posible que no consigamos todo lo que queremos y de que va a llevar mucho tiempo llegar a un acuerdo. Los avances en las negociaciones van a depender de que la Argentina tenga muchas y buenas alianzas en el mundo, que tenga un significativo crecimiento económico y que capte la atención de la economía internacional. Además, debe haber un gran respeto por la ley y las instituciones que hagan que el país sea confiable. Por ejemplo, China, con todo el poder que tiene, no está proponiendo invadir Taiwán, al contrario, lo que hace es atraerla, seducirla, y de esa manera ha incrementado las relaciones bilaterales. Eso es lo que nos debe a nosotros inspirar.

“Creer que con multiplicar las denuncias y conseguir apoyos de algunos gobiernos vamos a lograr que Gran Bretaña cambie de posición es un error. Los graves problemas económicos y políticos que tiene el gobierno de David Cameron no implican que vamos a hacer ceder a Gran Bretaña”, concluyó Pérez Llana.

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Febrero 2012

Legisladores argentinos ratificaron en Ushuaia la postura argentina sobre Malvinas

Las comisiones de Relaciones Exteriores de ambas cámaras rubricaron en Ushuaia un documento consensuado.

Legisladores nacionales del oficialismo y la oposición ratificaron este sábado mediante la firma de
un documento, la postura de la Argentina sobre la soberanía en las Islas Malvinas, en el marco de la reunión realizadas por las comisiones de Relaciones Exteriores de ambas cámaras en Ushuaia,
Tierra del Fuego.

El documento denominado "diez puntos Ushuaia" fue ratificado, tras dos horas de sesión, por legisladores del Frente para la Victoria, la Unión Cívica Radical, el Frente Amplio Progresista, Frente Peronista, Coalición Cívica, Pro, Movimiento Popular Neuquino, Frente Cívico de Santiago del Estero, alta somos todos, Nuevo Encuentro, Movimiento Popular Fueguino y el Partido Federal Fueguino, entre otros.

Del encuentro participaron 34 diputados nacionales encabezados por el jefe de la comisión de Relaciones Exteriores, Guillermo Carmona, y once senadores, liderados por el kirchnerista Daniel Filmus.

Los legisladores presentaron un proyecto basado en "la legítima e imprescriptible soberanía" de la Argentina sobre Malvinas, la denuncia de "militarización" del Atlántico Sur por parte del Reino Unido, y la vocación de "diálogo" y de "paz".

El proyecto expresa "la legítima e imprescriptible soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes" y la "total convicción acerca de la situación colonial" de las islas "y de que la disputa entre los gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte acerca de la soberanía sobre esos territorios debe resolverse pacíficamente, de acuerdo con lo dispuesto por la Asamblea General de las Naciones Unidas".

Asimismo, destaca "su reafirmación de la vocación por el diálogo y la paz" de la Argentina respecto de las Islas Malvinas, "en un esfuerzo sostenido para recuperar el ejercicio de la soberanía sobre esos territorios, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme al derecho internacional".
"En este sentido, una vez más instamos a las negociaciones de soberanía con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte", se indicó.

Los legisladores también destacarán "su advertencia ante la comunidad internacional y las Naciones Unidas de la militarización e introducción de armas nucleares en el Atlántico Sur, por parte del Reino Unido" y "la necesidad de mantener a la región libre de medidas de militarización, de carreras armamentísticas, de presencia militar extrarregional y de armas nucleares".

En ese contexto, subrayaron "su rechazo a la persistente actitud colonialista y militarista del Reino Unido", "vulnerando los legítimos derechos soberanos" de la Argentina "y desconociendo las Resoluciones de las Naciones Unidas que instan a la búsqueda de una solución pacífica, justa y duradera en la Cuestión de las Islas Malvinas".

Por otra parte expresa "su condena a las acciones unilaterales ilegítimas" del gobierno británico "en materia pesquera e hidrocarburífera que violan las diversas resoluciones de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos, y su denuncia del potencial peligro de un desastre medioambiental en el Atlántico Sur como consecuencia de actividades ilegales del Reino Unido en la zona".

El texto destaca el agradecimiento "a los gobiernos y pueblos" que apoyaron el reclamo de soberanía argentino, además del Mercosur, la OEA, la UNASUR, la CELAC y el ALBA, así como grupos bi-regionales o regionales como la Cumbre Iberoamericana, la Cumbre América del Sur.

Finalmente "manifiesta su voluntad de hacer llegar esta Declaración a todos los Parlamentos, en particular a los de la región y a todos los foros y organismos internacionales correspondientes, a efectos de promover su apoyo a la reanudación de la negociación entre ambos países".

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Febrero 2012-Sobre las Malvinas, un debate lleno de opiniones

Después de las declaraciones del primer ministro británico Cameron, el tema se instaló en los medios; sorprendieron distintas propuestas para romper el status quo

Más notas para entender este tema

El laberinto de Cameron

Un aeropuerto en la mitad del Atlántico sería la conexión británica a Malvinas

LONDRES (Para La Nacion).- Algo positivo resultó de las polémicas declaraciones del primer ministro David Cameron, que acusó al gobierno argentino de "colonialista" por su política para las islas Malvinas: con ello logró abrir el debate entre los británicos sobre la soberanía de los territorios en el Atlántico Sur.

El tema formó parte de numerosos programas de radio y televisión aquí y aún alimenta las columnas de opinión y de cartas de lectores de los principales diarios.

Si bien la mayoría de la opinión se inclina a favor de la posición de los isleños (un 57% de acuerdo con una encuesta de The Sunday Times), algunas voces críticas y varias propuestas alternativas también comenzaron a escucharse.

En el principal programa televisivo de debate político semanal de la BBC, Question Time (Tiempo de preguntas), dos de los cinco panelistas se pronunciaron a favor de romper el statu quo.

La académica y escritora Germaine Greer calificó la situación actual de los isleños de una "anomalía" que debe ser resuelta, "quizá dándoles un asiento en la Cámara de los Comunes de modo de que formen realmente parte del Reino Unido", lo que los obligaría a pagar impuestos como el resto de los británicos y a compartir con ellos las ganancias por las licencias pesqueras y una eventual regalía petrolera.

La primera parlamentaria del Partido Verde en Westminster, Caroline Lucas, consideró que las Malvinas son "un caso clásico de colonialismo" del cual Gran Bretaña tiene pocas razones para sentirse particularmente orgullosa.

"Tenemos que contemplar la posibilidad de entablar el diálogo con la Argentina sobre este tema, especialmente en el ámbito de las Naciones Unidas", sostuvo.

Con el título "Britain can't hold onto the Falkland Islands forever" ("Gran Bretaña no puede agarrarse a las islas Malvinas para siempre"), el prestigioso periodista Paul Routledge también se pronunció a favor del diálogo en la columna que publica semanalmente en el tabloide de tendencia laborista The Daily Mirror.

"Es posible que esta situación no cambie durante mi vida, pero me pregunto hasta cuándo va a durar la intransigencia. Ningún gobierno puede atarle las manos a su sucesor, y tanto laboristas como tories coquetearon con la idea de una copropiedad con los argentinos en el pasado", recordó.

"Y díganme: ¿Por qué una pequeña colección de rocas, en su mayoría inhabitadas, en el Atlántico Sur y con la población de una pequeña villa inglesa determina la política del gobierno británico a perpetuidad? Cientos de miles de descendientes de británicos, sino millones, que viven en Kenya, Zimbabwe, Hong Kong, Malasia, Chipre y otros países del imperio, han tenido que aceptar el fin de su estatus de colonia, o volverse a sus casas. ¿Por qué los «falklanders» [malvinenses] son distintos?", destacó.

Routledge desestimó el argumento de que hay razones de índole económica para mantener las islas bajo soberanía británica: "Tratar de defender una infraestructura petrolera agregaría enormemente a la factura de 130 millones de dólares anuales que pagamos por el ejército de ocupación de 1300 soldados que apoya artificialmente el estilo de vida inglés que se disfruta a 1500 kilómetros de aquí. Y la bonanza petrolera algún día se va extenuar también. ¿Qué van a hacer entonces los isleños? Sería más barato mudarlos a algún rincón del Reino Unido, si así lo desean. Y esto nos ahorraría bastante odio a nivel internacional".

"El colonialismo no está más de moda en el siglo XXI - agregó-. No podemos ni siquiera contar con el apoyo de Estados Unidos. Washington ya llama a las islas Malvinas. Los que apoyan el statu quo argumentan que no podemos dejar las islas porque 255 soldados británicos perdieron allí la vida. Ese argumento es válido hoy. Pero también es cierto en el caso de los soldados que murieron peleando a los Mau Mau, o a los insurgentes en Malasia o a los terroristas Eoka en Chipre. Y, sin embargo, nosotros dejamos todos esos lugares y el paso del tiempo disminuyó su merecida memoria en todos, menos sus familiares y amigos. Tristemente, un día éste va a ser también el caso con el sacrificio hecho en la guerra de las Malvinas".

Varios lectores escribieron al diario The Times para proponer que Gran Bretaña adopte el modelo de Hong Kong que revirtió a soberanía china tras 99 años de alquiler británico. En las páginas de The Belfast Telegraph, un lector sugirió incluso que se le diera a la Argentina la soberanía de la West Falkland (isla Gran Malvina) y que Gran Bretaña mantenga la de la East Falkland (isla Soledad).

"No quiero con esto sugerir que la Argentina tiene un derecho legítimo sobre las islas, pero si no encontramos una solución la posibilidad de otra guerra persiste. En la última se perdieron casi mil vidas. Debemos asegurarnos de que esto no se repita", señaló el lector, identificado sólo con las iniciales JLB..

EL REINO UNIDO ENVIÓ UNA CARTA A NACIONES UNIDAS DONDE JUSTIFICA SU PRESENCIA MILITAR EN MALVINAS




Publicado por Roberto Briend

Sábado, 25 de Febrero de 2012


Una misión oficial del Reino Unido presentó ante Naciones Unidas una carta en la que justifica su presencia militar las Islas Malvinas como "defensiva" y afirma que las acciones argentinas para reclamar la soberanía sobre ese territorio "ponen en duda el compromiso" del país "con la cooperación pacífica en el Atlántico Sur".

La carta, que lleva la firma del embajador británico ante Naciones Unidas, Mark Lyall Grant, es en respuesta a la denuncia presentada por la Argentina ante esa entidad por la "militarización" de las Malvinas, a la que califica como "injustificada" y "carente de todo sustento".

"La postura militar del Reino Unido en las Islas Falkland es defensiva y existe únicamente para proteger el derecho y la libertad del pueblo de las islas para determinar su propio futuro político, económico y cultural", señala la nota.

En este sentido, agrega que "a diferencia de la posición de la República Argentina, la posición del Reino Unido y del Gobierno de las Islas Falkland se basa firmemente en el derecho internacional, y en particular en el principio y el derecho de autodeterminación de todos los pueblos".

Este es el argumento principal con el que el gobierno británico se niega a participar de una negociación bilateral con la Argentina sobre la soberanía de las Malvinas, a pesar de que varias resoluciones de Naciones Unidas instan a ambos países a sentarse en una mesa de diálogo.

En la misiva, el Reino Unido cuestionó las medidas adoptadas por la Argentina para forzar al gobierno británico a dialogar por la soberanía, tales como el decreto para que todo buque que quiera transitar entre puertos argentinos continentales y puertos de las islas deba pedir permiso.

También criticó el pedido al Mercosur para que apoyara la declaración que prohíbe el acceso de barcos con bandera de Malvinas a los puertos de la región y la prohibición del "sobrevuelo del espacio aéreo argentino para los vuelos chárter con destino a las islas" de 2003.

"Estos inquietantes hechos ponen en duda el compromiso de la República Argentina con la cooperación pacífica en el Atlántico Sur, así como su adhesión a las normas vinculantes del derecho internacional", señala la carta dirigida al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

La carta de Grant afirma que la Argentina "no busca un diálogo genuino sino que simplemente desea discutir los detalles de una transferencia de soberanía" pero advierte que ninguno de los dos países "pueden negociar el cese del principio y el derecho de autodeterminación del pueblo de las Islas Falkland".

"Deseamos recordarle a la República Argentina su obligación jurídica internacional de respetar el principio y el derecho de autodeterminación de todos los pueblos, como lo establecen respectivamente la Carta de las Naciones Unidas (Artículo 1.2)" sostiene la misiva.

Por último, el funcionario británico le solicita a Ban que distribuya esta misiva "como documento de la Asamblea General".

Fuente: http://noticias.terra.com.ar

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Malvinas latinoamericanas

Por Osvaldo Bayer

La declaración de los diecisiete intelectuales ha servido para devolver a primera plana el debate de Malvinas. Se la podría calificar desde ultraconservadora a cipaya, como se ha hecho. Prefiero tomarlo como un tema fundamental de discusión, un paso más para esclarecer definitivamente el debate que nos lleve, por fin, a una solución integral.

Por supuesto, nunca más, nada de intervenciones militares. Todo en debate y acuerdos. Pero nunca renunciar a la ética ni dar por válidas las invasiones de los poderosos sobre los pueblos naturales.

Defender sólo el derecho de los mal llamados kelpers en Malvinas sería dar la mano al concepto de imperialismo. Gran Bretaña invadió militarmente esas islas cuando ya las Provincias Unidas del Río de la Plata tenían su gobierno propio y ya nada dependía de España. Eso es indiscutible. Fue una acción similar a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, que fueron resistidas no sólo por los españoles sino por la población criolla que cuatro años después se iba a proclamar libre.

La ocupación británica de las Malvinas nunca fue aceptada sino siempre reclamada su libertad del yugo del imperio, y su pertenencia a su tierra madre, la Argentina –como lógica por su situación geográfica–, el nuevo país libre latinoamericano.

Después de la última Guerra Mundial comenzó el fin definitivo del imperialismo. Las colonias de Africa y de Asia fueron independizándose. Una de las pocas colonias actuales del imperialismo británico es precisamente Malvinas. Por supuesto que existe el problema de su población, que en su mayoría es de origen británico. Pero es justamente esa población la que tiene que reconocer que su situación fue fruto de una política colonialista. Es hora de que Gran Bretaña pida disculpas por el imperialismo a que sometió a gran parte del mundo si quiere que lo continúen considerando un país democrático. Como lo hicieron muchos políticos, intelectuales y gente sencilla de ese país en Africa del Sur, la India y tantas otras tierras donde su país se había comportado como dominador y ladrón de sus tesoros naturales.

Sí, la población malvinense es de origen británico. Está claro que la Argentina tiene que ganar también el afecto de esa población y respetar sus derechos. Por eso debería darles a todo ellos ya mismo la nacionalidad argentina, otorgar becas a estudiantes malvineros para estudiar en nuestras universidades, realizar encuentros culturales, invitar a docentes y científicos isleños a congresos, etc. Todo lo que haga a la confraternidad humana para que esa población se encuentre en su propio país. Principalmente las provincias patagónicas tendrían que abrirles las puertas a toda esa población. Y mientras tanto, nuestros gobiernos seguir una política internacional contra el imperialismo y el coloniaje. Realizar todas las acciones posibles –siempre pacíficas y racionales– ante los organismos internacionales, tanto mundiales como latinoamericanos, exigiendo la terminación de Malvinas como colonia británica.

Por supuesto, y vuelvo a repetirlo, asegurando que jamás se van a volver a utilizar las armas y sólo valdrá la palabra del Derecho para conseguir el paso definitivo. Un paso que hay que dar porque si no los argentinos aparecerán en la historia como aceptadores del colonialismo contra el cual lucharon los hombres de Mayo y nuestros libertadores. Además, fomentar una acción que podría llegar a la terminación de las relaciones comerciales con Gran Bretaña de toda Latinoamérica. Pero al mismo tiempo asegurar que toda la población actual de la isla seguirá ejerciendo sus derechos, que serán intocables en todo sentido.

Más todavía, sería dar un paso adelante definitivo y mostrar lo que tiene que ser la política del futuro para nuestro continente proponer esto: que las Malvinas pasaran a formar parte directamente del Estado Latinoamericano, como primer paso hacia su creación. Entonces, que los países latinoamericanos les den ya mismo su nacionalidad respectiva, pensando que en parte el continente va a llegar a integrarse en un solo país, los Estados Unidos Latinoamericanos, el sueño de Bolívar.

Los actuales pobladores de Malvinas tendrán así una enorme perspectiva de progreso al integrarse a todo un continente y no vivir en el aislamiento actual que los llevará –de acuerdo con las últimas informaciones– a vivir en una isla destinada ya como base de nuevas estrategias militares de dominación mundial con las armas más sofisticadas de gran alcance. Lo cual sería una derrota absoluta de toda ética y calidad de vida.

Pero la Argentina debe prometerse a sí misma, nunca más utilizar las armas. Y nunca más permitir en su sistema una dictadura militar. No hemos sido capaces de imponernos para siempre gobiernos democráticos. Además, el informe Rattenbach debe servir de base futura para aprender a no repetir jamás la aventura criminal del general borracho. Nunca más perder una vida joven.

Tener siempre presentes a los 650 jóvenes que enviamos a la muerte. Imponer, sí, la verdad con la paz y con la grandeza de la mano abierta.

No critico a los 17 intelectuales argentinos que se han preocupado con tanta pasión por los kelpers. Pero sí les voy a pedir que pongan el mismo esfuerzo en preocuparse por los derechos de los pueblos originarios argentinos. En ese grupo de intelectuales hay historiadores que han defendido el genocidio cometido por el general Roca y la repartición de tierras del sur entre los miembros de la Sociedad Rural. Creo que éste es un tema a debatir ya que no han tenido en cuenta los derechos a vivir en su tierra de los pueblos que las habitan desde hace incontables siglos, para no decir desde siempre.

Mi esperanza es que la pasión por los kelpers de ellos se transmita a la defensa de los derechos de los que ya estaban en tierras del sur cuando llegaron los europeos y los sometieron a todas las formas de esclavitud.

Las Malvinas son argentinas. Las Malvinas son latinoamericanas. Y no del imperio británico.

Ojalá logremos en paz lo que nos exige una vida racional: un mundo sin fronteras y la igualdad en libertad para todos, como lo señala nuestro Himno Nacional.

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Lunes 20 de febrero de 2012 |

Malvinas: intelectuales dan una "visión alternativa" sobre el conflicto

Elaboraron un documento de reflexión, a 30 años de la guerra; lo firman Romero, Sebrelli, Hilda Sábato, Sarlo, Kovadloff, Sabsay, y periodistas como Lanata, Eliaschev, Iglesias, entre otros

Intelectuales y periodistas de primera línea del país presentarán en una conferencia de prensa un documento que aborda la cuestión Malvinas desde una "visión alternativa", al cumplirse, en 2012, 30 años de la Guerra de Malvinas y mientras crece la tensión entre los gobierno de la Argentina y el Reino Unido por la disputa sobre la soberanía del archipiélago.

Se trata de intelectuales que, como Luis Alberto Romero o Jorge Lanata , dieron su visión sobre el tema, incluso con perspectivas controversiales que generaron discusiones públicas y hasta acusaciones por una pretendida falta de patriotismo. Esas "críticas" provinieron, otros otros, de sectores ligados al kirchnerismo.

Documento

A tres décadas de la trágica aventura militar de 1982 carecemos aún de una crítica pública del apoyo social que acompañó a la guerra de Malvinas y movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina. Entre los motivos de aquel respaldo no fue menor la adhesión a la causa-Malvinas, que proclama que las islas son un “territorio irredento”, hace de su “recuperación” una cuestión de identidad y la coloca al tope de nuestras prioridades nacionales y de la agenda internacional del país.
Un análisis mínimamente objetivo demuestra la brecha que existe entre la enormidad de estos actos y la importancia real de la cuestión-Malvinas, así como su escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan. Sin embargo, un clima de agitación nacionalista impulsado otra vez por ambos gobiernos parece afectar a gran parte de nuestros dirigentes, oficialistas y de la oposición, quienes se exhiben orgullosos de lo que califican de “política de Estado”. Creemos que es hora de examinar a fondo esa política a partir de una convicción: la opinión pública argentina está madura para una estrategia que concilie los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación sobre el que ha sido fundado este país.
Una revisión crítica de la guerra de Malvinas debe incluir tanto el examen del vínculo entre nuestra sociedad y sus víctimas directas, los conscriptos combatientes, como la admisión de lo injustificable del uso de la fuerza en 1982 y la comprensión de que esa decisión y la derrota que la siguió tienen inevitables consecuencias de largo plazo. Es necesario poner fin hoy a la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable, y ofrecer instancias de diálogo real con los británicos y –en especial– con los malvinenses, con agenda abierta y ámbito regional. En honor a los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país en 1994, los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho. Respetar su modo de vida, como expresa su primera cláusula transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean. La afirmación obsesiva del principio “Las Malvinas son argentinas” y la ignorancia o desprecio del avasallamiento que éste supone debilitan el reclamo justo y pacífico de retirada del Reino Unido y su base militar, y hacen imposible avanzar hacia una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños.
La República Argentina ha sido fundada sobre el principio de autodeterminación de los pueblos y para todos los hombres del mundo. Como país cuyos antecedentes incluyen la conquista española, nuestra propia construcción como nación es tan imposible de desligar de episodios de ocupación colonial como la de Malvinas. La Historia, por otra parte, no es reversible, y el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos –es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino– abre una caja de Pandora que no conduce a la paz.
Como miembros de una sociedad plural y diversa que tiene en la inmigración su fuente principal de integración poblacional, no consideramos tener derechos preferenciales que nos permitan avasallar los de quienes viven y trabajan en Malvinas desde hace varias generaciones, mucho antes de que llegaran al país algunos de nuestros ancestros. La sangre de los caídos en Malvinas exige, sobre todo, que no se incurra nuevamente en el patrioterismo que los llevó a la muerte ni se la use como elemento de sacralización de posiciones que en todo sistema democrático son opinables.
Necesitamos abandonar la agitación de la causa-Malvinas y elaborar una visión alternativa que supere el conflicto y aporte a su resolución pacífica. Los principales problemas nacionales y nuestras peores tragedias no han sido causados por la pérdida de territorios ni por la escasez de recursos naturales, sino por nuestra falta de respeto a la vida, los derechos humanos, las instituciones democráticas y los valores fundacionales de la República Argentina, como la libertad, la igualdad y la autodeterminación. Ojalá que el 2 de abril y el año 2012 no den lugar a la habitual escalada de declamaciones parioteras sino que sirvan para que los argentinos –gobernantes, dirigentes y ciudadanos– reflexionemos juntos y sin prejuicios sobre la relación entre nuestros propios errores y los fracasos de nuestro país.
* Firman Emilio de Ipola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Jorge Lanata, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero, Hilda Sábato, Daniel Sabsay, Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli.